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Ante un nuevo lazo social

Por Pablo Esteban Rodríguez 7 de septiembre de 2003

Publicado en La Nación

"Un concepto estrella, comunidad, parece regir la filosofía política actual, pero también nuestra vida cotidiana a la hora de pensar la política, particularmente después de diciembre de 2001. El comunitarismo es una de las corrientes más importantes del pensamiento político, sobre todo en los Estados Unidos; en nuestro país, las prácticas comunitarias están a la orden del día y designan el establecimiento de un nuevo tipo de lazo social basado en valores como la solidaridad.  En ambos casos, en la teoría y en la práctica, se trata de la reedición de una vieja oposición que hizo clásica el sociólogo alemán Ferdinand Tšnnies: la comunidad, un espacio ""cálido"" en que el vínculo entre sujetos se apoya en la participación común en un todo, versus la sociedad, un espacio ""frío"" en el que las relaciones entre personas individualistas se producen por conveniencia, con arreglo a un complejo entretejido de pactos.  Uno de los tantos méritos de Communitas , el libro del politólogo italiano Roberto Esposito, profesor de Historia de las Doctrinas Políticas y Filosofía Moral del Instituto Universitario Oriental de Nápoles, es escapar a esta muy transitada oposición y elaborar un planteo distinto. Su forma de abordar el problema tampoco es completamente nueva, pues retoma varios tópicos de otra tradición de pensamiento sobre la comunidad, representada entre otros por Maurice Blanchot y Jean-Luc Nancy, autor del prólogo de Communitas . Pero la selección de los autores por tratar y el fino rigor que aplica Esposito en su lectura constituyen en sí un soplo de aire fresco.  El italiano comienza con un repaso de la etimología del término latino communitas que dista de ser un ejercicio meramente erudito, porque le permite trazar dos líneas de lectura: la que opone comunidad a inmunidad y la que hace descansar el problema de la comunidad en la cuestión del don, en la pérdida y no en la propiedad, en la deuda y no en la acreencia. Desde la primera línea, Esposito atraviesa el pensamiento de tres clásicos de la teoría política: Thomas Hobbes, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant.  Hobbes propondrá para su Leviatán la tarea de inmunizar (proteger, delimitar un espacio interior seguro frente a un exterior que lo amenaza) a la sociedad del estado de naturaleza, donde el hombre es el enemigo del hombre. Esta forma de pacto, en la que todos ceden su libertad al Estado para que éste los proteja, es cuestionada por Rousseau, quien sostiene que el contrato social no es la salvación sino la caída. Respecto de los dos, Kant discutirá justamente la existencia de un estado de naturaleza, que es un requerimiento lógico del contrato, y por lo tanto, la tensión entre libertad y ley es para él insoluble. En su análisis de estos autores, Esposito, en lugar de respetar la división comunidad-sociedad, trata de indagar cómo se imbrincan ambos conceptos.  En el segundo eje, Esposito posa su mirada sobre dos autores extraños a la teoría política canónica: Heidegger y Bataille. Heidegger enfatizó la paradoja del pensamiento kantiano y señaló así los límites de la filosofía política tradicional para pensar la comunidad. Y Bataille es, en el mismo sentido que Kant para la primera línea de lectura, el punto culminante del problema de la comunidad. El quiebre de Bataille reside en encontrar la falta no en la comunidad (como plantea Heidegger) sino en los sujetos que la componen y, en este sentido, es el exacto reverso de Hobbes: allí donde el autor del Leviatán funda la sociedad sobre el miedo a la muerte, que resultaría de la comunidad como estado de naturaleza, Bataille piensa que la comunidad es tan inevitable como la muerte y juzga irrelevante la firma de un contrato social, erigido sobre aquel miedo. Esto le permite escapar de la añoranza de una totalidad perdida y recalcar que el hombre sólo es tal si participa en una comunidad.  La delicadeza de los razonamientos y las elecciones de las citas muestran que Esposito ha trabajado minuciosamente la obra de estos autores. Si, a pesar de su complejidad, Communitas es un libro corto, sin dudas se debe a su precisión: ni una cita de más, ni una idea sin ilación, ni un desarrollo que no sirva directa o tangencialmente para apoyar una hipótesis por demás audaz. Communitas se lee con esfuerzo, pero trasunta una pasión por el pensamiento infrecuente en estos días.  La tesis de Esposito sirve además para reflexionar sobre nuestro presente. Lo ""comunitario"" no es el espacio donde nos protegemos de la inclemencia de la vida social. La acción política fundada en lo comunitario no debería entenderse como un mecanismo de defensa, sino como el lugar donde todos arriesgamos nuestra vida en beneficio de lo que Nancy llama ""lo mutuo"", aquello que no es ni propio ni ajeno. Así, la dicotomía clásica se disuelve, aparece en su lugar la pregunta de quiénes somos al estar en comunidad, y encontramos otra forma de ser, como dice Aristóteles al definir al hombre, animales políticos."

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